Mi nombre es Dora. 

Con Cristián tenemos 3 hijos, Josefina (7 años) Crescente (5 años) y Eloísa (2 años). Antes de Eloísa, tuvimos dos pérdidas espontáneas. Cuando nos embarazamos de Eloísa, por ende, estaba con mucho miedo e inseguridad porque no la quería perder, no estaba dispuesta a pasar por una tercera pérdida, por más “natural” que sea, simplemente no quería. Todo iba muy bien hasta la semana 35-36 de embarazo cuando nos empiezan a decir que algo no andaba bien y comenzamos a escuchar una serie de “posibilidades”. Fue en la semana del 11 de junio de 2018 que, con una diferencia de solo dos días supimos que Eloísa tenía una cardiopatía congénita y que tenía síndrome de down. 

Mi memoria emotiva en este mismo instante recuerda ese momento y los días que siguieron como si fueran hoy. Me derrumbé. Nunca había sentido tanto dolor; me sentía literalmente bien al fondo de un pozo, oscuro, helado y muy sola; por más que físicamente estaba acompañada. Cuando estaba sola la angustia y el llanto fueron mis visitas de clavo por esos grises días mientras que en paralelo seguía con el piloto automático ante mis hijos. 

Con menos de 48 horas desde la noticia, comencé una maratón de reuniones con mamás de hijos con SD. Casi la totalidad no las conocía, pero todas fueron un libro abierto con una montaña rusa de emociones. En todas esas reuniones, el resumen era: Es difícil, pero se puede; te vas a enamorar de tu hijo; te vas a dar cuenta de todo lo que puede hacer; No te presiones, disfruta tu maternidad y no te obsesiones con la estimulación temprana; te hará crecer, serás mejor persona; es posible que te transformes hasta en activista; créeme que serán una mejor familia; harás cosas que tal vez nunca pensaste en hacer; Yo escuchaba esto, y de manera casi infantil me negaba.

En paralelo, Eloísa seguía creciendo hasta que el día que cumplió 39 semanas, y con un inolvidable parto normal donde la terminé sacando con mis propias manos nació. De ahí para adelante, el amor hizo una pega fantástica; nos enamoramos todos de Eloísa, todos los miedos, comenzaron a ser más pequeños versus el amor enorme que todos teníamos hacia ella. 

Eloísa ha unido a la familia, en lo personal me ha convertido en una mujer mucho más valiente, decidida y convencida al extremo de la inclusión, al punto de aceptar la invitación de postularme a un cargo público solo motivada por intentar abrir puertas y derribar mitos. Eloísa nos demuestra todos los días que la valentía, alegría, fuerza, perseverancia, ternura, curiosidad no mira el número de cromosomas, que solo hay que creer en ellos, como ellos creen en ti. Si tú que estás leyendo esto, tienes un hijo con SD … Felicidades, ¡te llenarás de orgullo! 

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