Integración en Primaria y Autoestima

Integración en Primaria y Autoestima

La integración escolar es un proceso complejo que va mucho mas allá de asignarle un pupitre al alumno especial, requiriendo por parte de docentes y familia el fomentar un ambiente cálido y de cooperación donde se genere el respeto, la aceptación y el sentido de la amistad.

Por Carmenza Salazar
Cuando los niños ingresan al programa de integración al aula regular, se busca fundamentalmente prepararlos para optimizar su participación en la vida comunitaria; es decir, los proyectamos haciendo parte de una familia, de una comunidad, de un trabajo, pero no como miembros pasivos predestinados siempre a recibir sino como personas solidarias que aporten y contribuyan a la sociedad según sus posibilidades, haciendo siempre su mejor esfuerzo e interactuando armónicamente con los demás.

Desde esta perspectiva la integración es un proceso complejo que va mucho mas allá de asignarle un pupitre al alumno especial, de compartir un espacio físico con él o de asegurarle una buena interacción con uno o dos maestros.
Responsabilidad compartida.

La integración supone la responsabilidad por parte de docentes, profesional de métodos y recursos y familia de crear (ya que en muchos casos no se da en forma espontánea) un ambiente cálido y de cooperación entre todos los estudiantes porque solo dentro de este contexto se puede generar el respeto, la aceptación y el sentido de la amistad, no como un aspecto mas dentro del currículo sino como un proyecto de vida que beneficie a todos los alumnos.

En contraposición, un ambiente hostil o de gran indiferencia puede lastimar seriamente la autoestima de cualquier alumno, en especial del niño integrado. De ahí la importancia que todos los miembros del equipo colaborativo centremos nuestros esfuerzos en apoyar la construcción de relaciones positivas entre los niños, en crear y fortalecer vínculos y en promover la amistad entre ellos.

Rescatemos la importancia de los recreos, del juego y de las actividades en grupo como excelentes instrumentos para ayudar a los niños a construir buenas relaciones entre ellos.

Lo ideal es comenzar el trabajo con compañeros desde que inicia el proceso de integración, de manera que cuando lleguen los momentos duros donde los aprendizajes académicos se vuelven difíciles y empiecen a desbordar las capacidades de nuestro alumno, el niño especial cuente con el afecto, la comprensión la tolerancia, el respeto y la solidaridad de sus compañeros, quienes lo apoyaran permitiéndole participar de acuerdo a sus posibilidades y valorando sus esfuerzos. Lo fundamental es preservar su autoestima y sentido de pertenencia al grupo; ello implica que el maestro explore otras formas de participación, que construya puentes, que evite el aislamiento del niño especial.

Obviamente decirlo es fácil, pero ponerlo en practica supone esfuerzo, dedicación y constancia por parte del docente, quien debe ser acompañado de una forma práctica por todo el equipo colaborativo.
Preocupémonos por preservar la autoestima del alumno integrado

La mayor preocupación dentro del proceso de integración en la primaria, cuando la distancia entre el grupo y el alumno con discapacidad es mas evidente, es preservar la autoestima del alumno integrado, quien empieza a percibir que no es tan eficiente y competente como sus compañeros, lo que indudablemente es una experiencia dolorosa para cualquier ser humano, y que en nuestro alumno se manifiesta presentando o incrementando significativamente conductas disruptivas o de aislamiento.

Modelando las interacciones deseadas. El maestro como actor estelar

Actualmente todos coincidimos en que la figura del maestro es definitiva en la formación de una sana autoestima y destacamos su importancia como modelo de las interacciones que generan en el interior del grupo. De su relación con el niño discapacitado depende en gran parte la relación del grupo con el alumno. De ahí la importancia que el profesor de primaria, cuando se empiezan a presentar evidentes dificultades a nivel de participación, genere un ambiente en el que el alumno integrado se sienta querido, aceptado y útil, evitando al máximo exponerlo a situaciones de fracaso, rechazo o aislamiento.
La importancia de los objetivos sociales

Cobra entonces vital importancia recordar que integrar no es nivelar y que los objetivos sociales son definitivos en el desempeño posterior del alumno; teniendo ésto presente y libre de tanta presión académica, el docente podrá diseñar con tranquilidad trabajos de grupo en los que por muy alto que sea el nivel cognitivo, el alumno integrado podrá participar desde la perspectiva de sus propias posibilidades (coloreando, pegando, copiando un titilo o un texto pequeño). De esta manera su trabajo también será valorado por los compañeros y se sembrara en el confianza, seguridad y deseo de continuar aprendiendo.

Otras formas de apoyar su inclusión, de fomentar su sentido de pertenencia y de hacerlo sentir útil es asignarle responsabilidades como, por ejemplo, manejar el listado de asistencia (si no es hábil con la lectura, las fotos son una buena estrategia); llevar el cuadro de cumpleaños, de responsabilidades y de eventos deportivos del curso, así como hacerlo participar en comités de ayuda a otras personas.
No se debe desconocer la diferencia

Para finalizar creo importante puntualizar que no se trata de imponer una integración a ultranza porque ello implicaría desconocer la diferencia e insertar a la fuerza, con resultados funestos.

La diferencia hay que tenerla siempre presente para hacer los ajustes pertinentes y graduales y para definir cuando el proceso se agota. Pero antes de excluir al alumno del aula hemos de agotar todas las posibilidades de participación para lo cual contamos con la recursividad, creatividad y sensatez del maestro y del equipo que lo acompaña.